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¡Felices Navidades!

¡Felices Navidades!

miércoles, 19 de abril de 2017

Un relato que finaliza en el día de hoy: Por un puñado de euros (western castizo).

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Hace dos años escribí un cuento basado en la realidad madrileña y en la profusión de películas malas de vaqueros que emite Telemadrid. Aquel cuento, basado en hechos reales, tenía un final abierto y justamente hoy parece haber llegado el final de esa historia, lo cual me obliga a publicarlo.

Dado que los personajes reales están transformados en personajes de películas del oeste no publicaré el "reparto", pero si alguien lo quiere, se lo puedo mandar por correo con las explicaciones sobre quien es quien y por qué.
En el relato faltan algunos personajes dignos de participar en ella, como Thomas from Parla o Raymond Spin (ambos malos malísimos).

Hay que explicar que este relato lo escribí bajo la consigna Hay épocas en las que apetece matar gente, frase de un relato de mi amigo Max Estrella y que es excesivamente largo para lo que se ha impuesto para los relatos de los jueves, así que no tenéis obligación de leerlo.

POR UN PUÑADO DE EUROS (WESTERN CASTIZO)


Hay épocas en las que apetece matar gente. Yo estoy en una de ellas desde que, yendo al trabajo, la radio de mi coche narraba una historia que, en ese momento hiperrealista del día que es la madrugada, interpreté bajo la influencia de la película del oeste que había visto la tarde anterior en Telemadrid.
Comenzaba doce años atrás, en el acto en que se iba a entregar la estrella de sheriff a Ralphie, un tipo soso que contaba con el apoyo la mayoría de los habitantes de esa comunidad, que no llegó a consumarse, pues cuando le iban a poner la estrella que le conferiría el poder, uno de los hombres de confianza de Ralphie escapó en medio de la ceremonia, cabalgando a toda velocidad con destino sur, llevando consigo el distintivo de un rango al que Ralphie nunca accedería.
La dueña del saloon, Mrs Hope, contempló la escena desde el ventanal de su habitación y, riendo maléficamente, supo que era el momento de dar el siguiente paso en su estrategia: presentarse ante el consejo ciudadano para, con su característica vehemencia, exigir, como propietaria del establecimiento más próspero y honorable de toda la comunidad, que se garantizara el imperio de la ley.
Así lo hizo y dado que cada uno de los ciudadanos notables de la comunidad había protagonizado algún suceso en el saloon que preferían no saliera a la luz, dejaron en su mano la elección.
Ella tenía muy claro el perfil del nuevo sheriff, alguien que estaría a su lado, pero siempre a sus órdenes. Juntos serían dos, pero en contra de las reglas aritméticas, solo sumarían uno, ella, pues el sheriff, a su lado, tendría valor de cero.
No se decidía entre dos candidatos: el norteño y moderado Atticus[1] Gonsales y el sureño y visceral Frankie Granados, por lo que decidió que ambos compartieran la estrella. Pero ellos nunca sumaron dos, eran uno contra uno.
Cuando Mrs. Hope comprendió que la comunidad era demasiado pequeña para aquellos dos, tomó partido eligiendo a Atticus.
Despechado, Frankie se dedicó, ya abiertamente, al pillaje, liderando una banda de forajidos que sembró el terror por toda la comunidad y territorios limítrofes hasta que el coronel Velasco y sus casacas verdes lo abatieron.
Atticus, con la estrella en el pecho, aplicó la justicia con su criterio. Fue ese el tiempo en que los terratenientes se adueñaron de las reses de los pequeños ganaderos, cuando el médico estuvo obligado a prescribir medicamentos según el criterio de la boticaria, cuando se veía como el banquero gastaba obscenamente en el saloon el dinero que le confiaban los pequeños ahorradores.
El coronel Velasco quiso que las leyes estatales se aplicaran también en aquella comunidad, pero topó con el gobierno federal que le frenó hasta que no pudo más, pues había evidencias de una estrecha y extraña relación comercial de Atticus con el jefe de los indios, Cerezo Rojiblanco.
Atticus tuvo conocimiento de ello y se negó a entregar la estrella, atrincherándose en su despacho junto a sus secuaces, para resistir la inminente llegada de los casacas verdes que pretenderían detenerles.
Entre tanto, la dueña del saloon volvió de un viaje en el que había ido a buscar personas de talento para su negocio y bajó de la diligencia de la Wells Fargo & Co, advirtiendo estar dispuesta a ser ella misma quien impusiera el orden en la comunidad. Pero cuando llegó al salón, encontró que la encargada había puesto en práctica nuevos métodos de gestión, al considerar anticuados los de la vieja Mrs. Hope. La mirada que ambas se cruzaron evidenció que las ideas de ambas nunca sumarían.
No sé cómo termina la historia, porque llegué a mi destino, apagué el motor del coche y calló la radio. Creo que Atticus sigue atrincherado para intentar repeler el ataque del coronel Velasco y sus casacas verdes y que Mrs. Hope y su oponente negocian hipócritamente un acuerdo para repartirse el negocio, aunque parece claro que no fructificará y terminarán batiéndose en un duelo al amanecer.
Y lo malo es que esto no ocurre en el lejano oeste, sino en la mismísima Puerta del Sol.
Por eso hay épocas en las que apetece matar gente.



[1] Nota exigida por mi mujer: Nada que ver con Atticus Fynch, de Matar a un ruiseñor.

Calendario de relatos

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Ah, compañeros, sois imprevisibles, por eso no dejáis de admirarme. El caso es que mi plan era colocar todos los relatos por orden de la fecha en que se desarrollaran, pero nada más empezar a leer me he dado cuenta que mi plan es imposible.
Así que ahí van los enlaces con los relatos escritos bajo la inspiración de una fecha, por orden cronológico, no de la fecha a la que se hace referencia, sino al de publicación de cada uno de ellos:

01.- Leonor, una fecha esperada con ilusión.

02.- Vivian, 20 de abril de diferentes años.
03.- Carmen, 1 de marzo de 2010
04.- Gustavo-Juliano, 20 de mayo de 1959
05.- Campirela, 22 de junio
06.- Yessy, Siglo XIII EC
07.- Fabián, El día que los presentaron.
08.- Montserrat, ecuador de la primavera.
09.- Yo, hasta el 19 de abril de 2017.
10.- Alfredo, 20 de abril
11.- Mirella-Diva de Noche, 19 de abril de 2017.
12.- María Liberona, varias fechas.
13.- Mónica-Neogéminis, 31 de diciembre de 2599
14.- María Perlada, 27 de abril... ¿O 20?
15.- Rosa Desastre, abril.
16.- Ame, plazo.
17.- Mamaceci, 20 de abril o cualquier otro, la rutina.
18.- Tracy, cualquier día, todos.
19.- Pepe, 22 de enero de 1970.
20.- Nieves-Matices, 20 de abril, no se sabe de qué año.
21.- El demiurgo de Hurlingham, 19 de abril, día de la autonomía de las personas virtuales.
22.- Verónica, el día del juicio.
23.- Roxana, el día que nació Valentino.

sábado, 15 de abril de 2017

Convocatoria literaria: Este jueves un relato con fecha.

Pedí a oí convocar un jueves de final de abril porque es una época del año que me gusta. Será porque en estos días es mi  cumpleaños y el de mi hijo, será porque en este tiempo la climatología es imprevisible.
El caso es que al ver que me tocaba el jueves 20 de abril, como fan de los Celtas Cortos, no pude evitar pensar en la canción de ese título. Como esa canción ya me harta, os pongo el vídeo de otra del grupo que me gusta más.




Y en consonancia con ello, pido que los relatos de esta semana estén basados en una fecha. En la canción es la fecha en la que se escribe una carta, lo cual es una opción,  pero valdrá cualquier relato en el que tenga importancia alguna fecha concreta.
Y nada más, os dejo esta convocatoria para que continúe el show de los jueves.

viernes, 7 de abril de 2017

Amores de infancia


Esta semana los relatos del jueves se encuentran enlazados en el blog Molí del Canyer, desde el cual Inma nos pide que hablemos sobre amores de infancia.
Aquí están mis recuerdos:


Como primera toma me quedo con aquella en la que compartimos cama en una siesta. Nuestros padres (ahora lo imagino, entonces ni me fijé, como seguramente tú tampoco) nos mandaron a la cama después de una comida en la que debía haber corrido el vino y querrían una sobremesa sin que estorbásemos. Seguramente terminaron echándose la siesta, pero ellos durmiendo, no como nosotros.
Si esto lo lee alguien pensará algo que no ocurrió, porque a nuestros ocho o nueve años compartir cama era eso, estar juntos e imaginar. Me acuerdo que te veías como una princesa de cuento árabe y yo como un explorador en la selva y al final nuestros caminos se encontraban y el explorador rescataba a la princesa y terminaba con un beso, pero en aquel entonces los besos eran en la mejilla.
La siguiente toma sería en la playa, tú ya eras adolescente y yo casi. Me parecías muy mayor, inalcanzable para mí, ya usabas la parte de arriba del bikini y llegaste a ser más alta que yo. Realmente me sentía una oruga que admiraba a esa mariposa que eras tú. Recuerdo especialmente aquella vez que te caíste de un ciclomotor (tú ibas en ciclomotor, con tus amigos, yo en bici, solo). Recuerdo que llegaste llorando, yo me alarmé, fui a consolarte y cuando me enseñaste tu muslo herido probablemente la primera vez en que me sentí verdaderamente atraído por un muslo femenino. Y la primera vez en que tuve que hablar de tu herida, cuando esa era la zona que menos me interesaba.
Ahora haremos un flash-back y llegaremos a cuando éramos más pequeños y nuestros mayores decían que éramos novios. Tú lo asumías, siempre lo asumiste hasta justo el momento de la toma anterior, hasta que te hiciste mujer. Yo en cambio lo consideraba absurdo ¿para qué quería una novia? Ya estaba bien, éramos amigos. Bueno, a ti no te lo decí porque no quería romper tu ilusión. Creo que me faltaba entender algo, eso que comprendí cuando tu frágil cuerpecito de niña pasó a ser un atractivo cuerpo de mujer.
La última toma debe ser en un aeropuerto. Allí solíamos coincidir para recibir o despedir amigos de nuestras familias y seguíamos buscándonos, juntándonos y hablando para mantenernos al corriente de cómo evolucionaban nuestras vidas. Y llegó el momento en que dejamos de vernos. Los dos nos marchamos de Madrid.
No fuiste princesa, tu vida te mantuvo en los aeropuertos.
Yo tampoco exploré África, la vida me llevó a transitar por carreteras secundarias.


miércoles, 29 de marzo de 2017

Me falta...


33


Este jueves los relatos se encuentran en el blog de Gus y la propuesta que los agrupa es me sobre mucho mes al final del sueldo.

Escribiendo lo que escribo esta semana he tenido muy presente esta canción de mi querido Leonard Cohen, que os dejo por si alguien quiere amenizar con música la lectura.




Me sobra mucho mes al final del sueldo
y me falta mucha paciencia para soportar tanto semianalfabeto petulante
Me sobra mucho sueño después del despertador
y me falta mucho tiempo para realizar mis sueños,
(también dinero, aunque mis sueños son bastante baratos)
Me sobran mucha palabrería más allá de mi atención
y me falta escuchar palabras que tengan significado
Me sobran mucha promesa al final de mi credulidad
y me faltan compromisos que alimenten mi ilusión



Y como nunca sobra el amor, enlazando con el tema musical, 
quisiera llegar bailando hasta el final del amor.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Círculos viciosos y un poco sobre el síndrome de Down




Esta semana sé que fuerzo un poco la convocatoria de Maribel para llevarla al terreno que me interesa, pero toca, porque ayer fue el día internacional del Síndrome de Down y porque en estos días el asunto me ha ocupado mucho, más de lo que ya de por sí ocupa ser padre de Jaime.

Y me extenderé algo más de lo que se permite, aún así creo que he resumido demasiado. 

Otros relatos sobre círculos viciosos en Soliluna


Cuando conseguí decir que mi hermano era un cabrón, me sentí realmente libre. Esta frase, fuera de contexto puede perturbar. Si la contextualizamos, se refiere a una persona con síndrome de down y entonces escandalizará.
A mí me parece genial.
El escritor Marcos Chicot divulga la tesis que atribuye la discapacidad de las personas Down a sus problemas de comunicación verbal. Algo semejante a lo que ha ocurrido con los sordos, no se ha podido mantener una relación normal con ellos y se les ha catalogado como pobrecitos discapacitados.
Problemas de comunicación los relegan, la relegación los distancia más aún de la “normalidad”. Un círculo vicioso
La semana pasada descubrí a Giacomo Mazzariol, hermano de Giovanni, un chico con síndrome de down, sobre quien ha escrito un libro llamado Mi hermano persigue dinosaurios, en el que aparece de la frase que inicia este relato.
Planeé contrarregalar ese libro a mis hijas en el día del padre, pero el contraespionaje funcionó mejor y me lo regalaron ellas, junto con unas entradas para ver la magnífica representación de El rey león de Madrid. Recibí el libro el domingo y el lunes, tras comidas con familiares y amigos, disfrutar del musical, había terminado de leerlo.
Sobre su hermano, sus conductas. Por ejemplo,  parafraseando a Nietzsche dice Giovanni es un baile. Lo difícil es oír su misma música. O su vida es como una instantánea. Gio hace una foto, se mete en ella y la vive, luego enseguida otra. Porque Gio, como Jaime. a veces se centra en algo que nos parece una tontería, que creemos debería dejar de hacer porque con ello se pierde algo que nos parece más atractivo, pero él permanece inmerso en esa “fotografía”.
Explica como una persona cambia teniendo alguien con síndrome de Down a su lado Sin duda, insultando no se convence a la gente de que no insulte sino se les convence …como Gio había cambiado en mí con su presencia afectuosa y constante, con su frescura, con su mirada maravillada.
Además Giacomo, que en enero cumplió veinte años, recuerda su adolescencia en la que quiso ocultar que tenía un hermano como Gio y ello lo hace con un retrato maravilloso de lo que es ese periodo cargado de vergüenzas, conductas incomprensibles, sentimientos de culpa, querer y no hacer… como también le ocurre a Simba en su historia y como yo mismo viví en aquellos años. Él dice que la superó cuando Acciones e intenciones coincidían por primera vez. Era yo mismo.
En definitiva, un libro, insisto, delicioso, que afronta el síndrome de Down desde la convivencia diaria, viviendo momentos cargados de ternura, desesperación, amor, pena, desesperación, admiración y tantos otros sentimientos, porque ellos son capaces de dar una tremenda intensidad a cualquier momento.

Tal vez su integración avance a medida que se vaya rompiendo esa barrera de la comunicación de la que habla Chicot, pero entretanto no les ayudaremos tratándolos como a pobrecitos discapacitados, sí, en cambio, atreviéndonos a decir que son unos cabrones cuando lo son. Y, creedme, muchas veces lo son.


Para cierre, una foto de mi cabroncete favorito 


y un enlace a un precioso vídeo de los hermanos Giacomo y Giovanni Mazzariol



viernes, 17 de marzo de 2017

Un rápido testamento.









Este jueves nos pide Pikxi que relatemos alguna circunstancia de nuestra propia muerte. Después de no quedar satisfecho narrando mi muerte ideal, en un accidente aéreo llegando a una isla del Pcífico Sur, he decidido hacer testamento. Así, de buenas a primeras, sin hacer inventario, pero creo que básicamente está bien.

Los demás relatos sobre la muerte de cada uno de los participantes se pueden encontrar en este enlace con el blog la guarida de las locuras



Sí, es momento de pensar en el testamento, por edad, malos hábitos, por tantos kilómetros sobre malas carreteras, pero ese testamento estaría referido a objetos, que ni son tantos ni interesan aquí.
Estaría también el testamento vital. Ahí, lo que quieran, si alguno de mis órganos sirve para algo, sin duda, que haga su servicio, sean mis ojos astígmatas, mi corazón gastado, mis neuronas patinadoras…
Creo que este lugar es más adecuado para realizar otro testamento, el inmaterial.
Y en él, me gustaría dejar un buen recuerdo a quienes he conocido. Sé que es imposible, al menos me gustaría que nadie se sienta dañado por mí.
Entre mis más allegados, me gustaría dejarles mis sueños y sobre todo mis principios. No son los más apreciados en el mundo que representan triunfadores tipo Donald Trump y seguramente serían motivo de mofa para sus seguidores, pero son los que he mantenido durante todo el tiempo que llevo en este planeta los mantengo.
Principios como la justicia, la solidaridad y el respeto a todos y cada uno (aunque estos últimos sean simplemente vertientes de la justicia), la sinceridad, la persecución de la verdad y del conocimiento, la prevalencia de la persona sobre los intereses.
Sueños como el afán de conocer el mundo, descubrir su belleza, los grandes logros de la humanidad y las maravillas de la naturaleza, disfrutar de lo que no se aprecia en una primera mirada, porque lo maravilloso está en tanto en lo evidente como en lo impercetible si se sabe mirar.

Eso sería lo que me gustaría dejar, en ese sentido me gustaría que girase el mundo.

viernes, 10 de marzo de 2017

Para este jueves, ¡bon apetit!


Para este jueves Matices nos propone un relato gastronómico, que se puede ver en este enlace, desde el que también se puede ver el menú de los diferentes relatos, que os recomiendo probar, todos y cada uno.

Mi relato,  después de estas fresas con nata, que tendrán un papel decisivo en la historia.

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Era la cena número cien que compartían y sin embargo era primera y él esperaba que también fuera última.
La primera en el apartamento que él acababa de alquilar y tal vez la última viviendo separados pues cuando sirviera el postre le propondría que se quedara a vivir con él.
Ella llegó impuntual, pero él ni lo notó, tan enfrascado como estaba repasando los detalles para todo saliera tal como la había imaginado, especialmente lo de después… La acomodó en el comedor, con un vermut que tenía un toque justo de ginebra, mientras fue a buscar el primer plato, una crema de espárragos, suave, con textura, la había hecho él mismo y había sido más generoso de lo que decía la receta en el uso de la verdura prima. Tal vez fuera cierto que el espárrago es afrodisíaco.
Un solomillo con generosa salsa de pimienta, con unos espagueti y verduritas salteadas como guarnición deleitaría y alimentaría convenientemente para la subsiguiente celebración. El vino, un rosado Cresta Rosé muy frío manaba generosamente de la botella a las copas. Sin problemas, había suficientes botellas enfriándose en la nevera.
Todo iba perfecto. Ella estaba feliz, todo le gustaba, sus mejillas iban enrojeciendo de felicidad (sí, también etílica) y el atrevido vestido verde no solo le sentaba muy bien, sino que además él ya había estudiado cómo quitárselo velozmente.
Entonces fue a buscar el postre: fresas con nata.
Nunca lo hubiera imaginado. Pensaba realizar un juego semejante con esas fresas al que practicaron Kim Basinger y Mickey Rourke un día de sus nueve semanas y media, pero no fue así.
Ella se levantó y comenzó a lanzarle fresas mientras gritaba ODIO LAS FRESAS. Él intentó calmarla, la sujetó, la abrazó y ella alcanzó con una mano la nata para propinarle una bofetada que llenó la izquierda de su cara del viscoso elemento.
Él perdió la paciencia y extendió nata por la cara de ella, que rompió a llorar. Él, arrepentido, la besó y comenzó a succionar la nata de su cara con la boca. Ella correspondió con la que él tenía en su lado izquierdo.
De camino a la cama sus caras eran una guarrada de nata y saliva, pero no les importaba e hicieron el amor apasionadamente sin saber que el salón había quedado lleno de fresas pisoteadas durante la pelea y la reconciliación.
Seguro que pensáis que la pareja no aguantó junta hasta la fecha de caducidad de la nata, pero os equivocáis. Aún siguen juntos. Y muchas veces preparan nata de postre, pero sin fresas. Ahora él también las odia.

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Para finalizar, aprovecho para pronunciarme sobre un tema de fundamental en este país, aún a sabiendas que alguien pueda sentirse hondamente ofendido. Pero es de una gran importancia y uno debe ser fiel a su ideología.


miércoles, 22 de febrero de 2017

La vida es una escalera.



Esta semana Charo nos propone contar historias de escaleras. Yo he pensado en hacer una metáfora de la vida y es lo que a continuación relato. Otras historias basadas en escaleras aquí.


Al llegar allí encontró que no había nada más que una escalera y por instinto comenzó a subirla. Le costaba, pero le ayudaban. A medida que subía, sintió que su cuerpo iba adaptándose mejor y llegó el punto en que rechazaba las ayudas y quería subir solo. Y sintiéndose dominador de la escalera avanzaba probando otras formas, aunque quienes le ayudaban le reconvinieran dejara de hacer tonterías. A él le parecían monsergas de quienes no tenían su capacidad y siguió probando a saltar escalones de dos en dos, de tres en tres y en un salto el pie no terminó de aferrarse al suelo y cayó.
Le socorrieron quienes le ayudaban, que seguían atentamente sus pasos. Le consolaron y animaron a continuar con pasos firmes y se comprometió a ello, aunque en cuanto se le pasó el dolor volvió a pensar en demostrar lo capaz que era de llegar a donde acaban las escaleras con toda facilidad y haciendo florituras.
Porque siempre se ve cerca el final, pero cada final no es sino un rellano, un objetivo logrado al que sigue un principio, otro tramo de escalera que lleva a la siguiente meta y siguió su camino, ya sin nadie que le ayudara y pronto siendo él quien llevaba a alguien de la mano. Poco más tarde llevaba a varios a caballito, pero tenía fuerza suficiente para hacerlo y alcanzar el siguiente rellano.
En su camino vio personas a quienes les costaba seguir adelante, otros que quedaban tirados en algún rellano e incluso algunos que caían irremediablemente. Intentaba ayudar, a veces podía hacer, otras no, solo confiar que esos compañeros de subida pudieran continuar su camino.
Ahora al alcanzar cada rellano necesita parar para descansar. Aparece un cansancio que intenta ocultar, pero que sabe se le nota. Y eso que aquellos que antes cargaba ya caminan por su propio pié.

Entre peldaño y peldaño, aunque le cuentan lo que puede encontrar más adelante sigue subiendo, siempre adelante, siempre hacia arriba. Hasta llegar al cielo o hasta lo que haya cuando la escalera se acabe. Pero ese no es su problema, él simplemente continuará subiendo e intentando disfrutar del camino.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Este jueves un relato con imágenes demiúrgicas




Esta semana nos propone el Demiurgo de Hurlingham escribir un relato sobre alguna de las imágenes que nos ofrece y lo he aprovechado para fantasear con un suceso de actualidad, el asesinato en Malasia del hermanastro de Kim Jong Un, líder supremo de Corea del Norte. El relato mezcla hechos reales con fantasía, espero os guste.
Más relatos de la semana en este enlace.



En la foto se ve a las chicas que atienden el mostrador de Aerolíneas Demiúrgicas en el aeropuerto de Kuala Lumpur cuando hablaban con la prensa en una improvisada rueda de prensa, dado que fueron ellas quienes encontraron el cuerpo moribundo de Kim Jong-nam en la terminal, terminal en todos los sentidos para el norcoreano.
Contaron que ese tipo ridículo se había dirigido a ellas haciéndoles torpes proposiciones que rechazaron de plano. Media hora más tarde la encontró una de ellas en el servicio balbuceando, desnudo de cintura para abajo. No sabían que ese tipo habría sido el ser supremo de Corea del Norte de no haber sido por un incidente en otro aeropuerto, cuando intentaba entrar en Japón con un pasaporte dominicano, a todas luces falso.


Se sorprendieron de que su descubrimiento diera la vuelta al mundo causando el estupor con toques de humor negro con que se suelen recibir las noticias que proceden de aquel hermético país.
Mientras ellas hablaban con la prensa, dos mujeres bajan del taxi que les ha llevado desde el aeropuerto hasta un hotel en el centro de la ciudad. Según el taxista, a la primera que sale del vehículo parecen temblarle las piernas. Ha estado en silencio y nerviosa en el trayecto desde el aeropuerto. La segunda, en cambio, ha estado charlando, paga el viaje y ayuda a su compañera a llegar al hotel. No las volvió a ver.
En el hotel comparten habitación. La primera cae sobre la cama y llora. Siente aún dentro de sí el esperma de su víctima y da vueltas a su mente la cara del hombre cuando ella le inyectó el veneno. Desde entonces fue como una marioneta en manos de su compañera, que la vistió, la apartó del hombre y la llevó hasta un taxi y de allí a esa habitación de hotel.
Esa compañera que marca en su teléfono la clave cifrada que confirma que se ha cumplido la misión y que se dispone a finalizar el trabajo. Ese trabajo es fácil, solo clavar la aguja en el hombro y empujar el émbolo hasta vaciar la jeringuilla.

La nota de suicidio la redactó sin dejar sus huellas en el bloc de notas que la difunta llevaba siempre en su bolso.